jueves, 18 de octubre de 2012



Exilio
Deja que mi silencio sea testigo de una herida que no sanará.
En lo lejano el frio hará parte del dolor,
 los caminos no irán ni vendrán.
El olvido será sinónimo de tu nombre.
Por eso, te expulso de mis silencios,
para que las palabras que aún no se han dicho
 no se pinten entre líneas con nada tuyo.
Libero mis versos de esa ausencia que le daban sentido.
 Se le inventa un espacio al olvido."
                                                       Ignacio Izquierdo

Acelerar

      

Quería llevarse esa última sensación, la brisa acariciando su cara y luego, al acelerar, tocarla casi con violencia. Entonces, se imaginó en la carretera, sin un destino fijo. La vía y un punto a lo lejos en el horizonte. Si sólo pudiera levantarse… Salir de esas cuatro paredes que son su mundo ahora y correr sin rumbo por todas las calles que un día fueron suyas.

Cerró los ojos intentando pensar en cosas agradables, en momentos de placer. Poco a poco el silencio lo inundó todo. Empezó a escuchar su propia respiración y a sentir los movimientos casi apagados de su corazón. -No hay mucho tiempo,  Pensó.

Después, sobresaltado, como si regresara de un largo viaje, miró al techo y a los lados,  --aun estoy aquí, el silencio es el mismo. Se dijo.

De repente, en su cabeza sonó la melodía de una canción y la tarareó un poco. Todo se entremezcló: apareció una imagen de su niñez, un fragmento de su libro favorito y luego, el rostro de alguien que ya no le importó. Palabras de su mamá aparecieron de manera intermitente.

Algo extraño invadió su ser. ¿Miedo? Muchas veces lo sintió y por eso no supo de qué se llenaba su alma. ¿Cómo será todo al otro lado? –se preguntó.

Ahora, su camiseta recibe el viento y ondea por los costados. Árboles otoñales  aparecen a  lado y lado de la carretera. Un punto en el horizonte. Acelera. El aparato ronronea y avanza. Ya no hay pasado. Sólo el punto en el frente y el viento golpeando su cara.

Intentó abrir los ojos, pero ya no encontró luz, ni brisa; no había carretera ni horizonte. No alcanzó a escuchar su respiración.


                                                                                                Ignacio Izquierdo